Desde los comienzos y durante mucho tiempo después, Paysandú siempre estuvo a “ a la defensiva”, siendo un territorio en disputa, y eso se convirtió en nuestro distintivo de existencia.
El primer episodio defensivo fue por la pertenencia y el arraigo.
Sucedió en 1784. Cuando un pequeño grupo de habitantes del puesto – puerto – pueblo sanducero reaccionó en forma muy particular ante un intento de apropiación de su lugar de vida. Frente a un juez subdelegado y dos acompañantes, se opusieron apuntándoles con uno de los cuatros pequeños cañones, del tipo “pedreros” (de unos 75 cm. de longitud y 3.7 cm. de boca, montado sobre un eje giratorio). Esas cuatro piezas más unas pocas pistolas y sables eran todo el arsenal defensivo con el que los había armado Juan San Martín en 1776.